me ha acompañado durante muchas horas de trabajo de mi tesis, con música, con noticias, con cine y con deportes. Quizá porque tenía, y todavía tengo más que nada como recuerdo, un radiocasete de Sanyo realmente bueno, que tenía 4 bandas, no sólo las típicas am/fm, y en una de ellas se cogían un montón de emisoras extranjeras; inglesas, árabes, francesas, italianas, alemanas. Quizá porque radio 3 me abrió una puerta a tipos de música más allá de lo más comercial. Quizá porque en las noches de un verano, cuando todavía era un niño, escuché una versión radiofónica de Frankestein y me enganchó. Quizá porque resulta mágico oír a alguien al otro lado, una voz saliendo de una pequeña caja.Y es verdad que de la tv tengo imágenes muy grabadas, noticias, series y programas. Y qué decir del periódico de los sábados y domingos. Pero la radio tiene un algo especial, igual que los trenes cuando hablamos de viajar...
Eso no quiere decir que toda la radio me guste. Desgraciadamente, casi toda la radio que se hace es muy convencional, tópica, manipulada, irritante o estúpida. Pero se trata de buscar los pequeños oasis de buen trabajo. Ayer por la noche, por ejemplo, mientras cenaba, escuchaba radio nacional, y me regalaron un informativo tranquilo, mesurado y cargado de profundidad...en vez del griterío habitual y el correspondiente rebaño de opinadores-manipuladores, me ofrecieron una entrevista con el embajador en Suecia, que va a asumir la presidencia de la UE. Todavía hay esperanza.
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