jueves, 29 de mayo de 2008

Urueña

Un pueblo escondido. Sin coches. Amurallado. De piedra y cielo. De tejas y barro. Con letras en las paredes de las casas y casas hechas para guardar libros. Rodeado de mares verdes de cereal y flores amarillas.
Villa del libro, junto con Montmorillon (Francia), Hay-on-Wye (Gales), Wigtown (Escocia), Tvedestrand (Noruega), Fjaerland (Noruega), Sysmä (Finlandia), Bredevoort (Holanda), Redu (Bélgica), St-Pierre-de-Clages (Suiza), Monterregio (Italia), Kampung Buku (Malasia) y Stillwater (Usa).









Poema de Antonio Colinas dedicado a Urueña:

¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Creo que es aquí, en este espacio
donde se inventa la infinitud de los amarillos;
un espacio en el centro del centro de Castilla
en el que nuestros cuerpos podrían sanar para siempre
si tus ojos y mis ojos
mirasen estos páramos
con piedad absoluta
y en donde hasta el espíritu suele arrodillarse
para hacernos su ofrenda
en rosales de sangre.
En este espacio hay un fuego blanco
en el que viene a expirar esa música
que nos llega de lejos, ¡de tan lejos!
¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en una tierra con más cielo que tierra,
donde los ruiseñores serenan la alameda
y la alameda serena a los ruiseñores,
y con la emanación
húmeda del tomillo más nocturno,
acude un enjambre de estrellas
a venerar la última espina de Cristo.
Es el lugar donde la luz
llora luz,
y la catedral de los cardos
alza su grito de silencio,
y están solas, muy solas, las vírgenes anunciadas,
y el pueblo amurallado y muerto
asciende vivo sobre un horizonte de lágrimas,
no sé si como un salmo
o como una corona de piedras inciertas.
¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Está aquí, en el centro del centro de Castilla,
donde por los linderos morados
se tensa, como un arco, la luz;
es un espacio en que la nada es todo
y el todo es la nada,
y en el que junio joven viene por los montes
vertiendo de su copa oro líquido.
Es un lugar en el que el espacio y el tiempo
sólo son una hoguera
que arde y que mantiene su combustión
gracias a nuestras vidas (quiero decir:
gracias a nuestras muertes).
La música que más amáis
aquí tiene su tumba.
Es la música que, a través de la respiración de las espigas,
viene a morir en la luz que respiran nuestros pechos.

2 comentarios:

Igor dijo...

Oye, qué sitio más chulo.
Desde la autovía no me lo imaginaba tan colorido, más bien un poco más con tonos claros y apagados.
Mira a ver si puedes hacer que la primera foto se amplíe ;-)
Y ya, la de los palomares, tremenda!!! jeje

A dijo...

Gracias ;-) jeje
Pues todavía no tengo ni idea de porqué a veces se pueden ampliar las fotos y otras no. Todas las subo de la misma forma. Un misterio...