
Ya estoy en Iberia. Llegué agotado psicológica y físicamente, porque los últimos días de estancia fueron bastante estresantes y los viajes en avión, especialmente si son con escala, son lo más parecido a Humor Amarillo a lo occidental, pero sin chapuzones.
El viernes día 2 fui con Igor a comer a un mesón gallego en madrid y por un precio realmente muy asequible me tomé mi caldo gallego, mi jamón asado acompañado con patatas y cebollita, y mi cuajada con miel.
Pero la visión de la cesta de pan, del cuenco de barro con ese caldo gallego, recién servido, humeante, con su berza oscura y sabrosa, sus alubias y sus patatas....en fin...que casi se me saltan las lágrimas de alegria. Qué ganas tenía de tomar platos de cuchara. Realmente reconfortantes.
Además hacía tiempo que no tomaba un buen caldo gallego e inevitablemente me recordó a mi infancia, a esos veranos pasados en Panxón y Baiona, rebosantes de olor a mar, gaviotas, pescadores, pulpo, empanada, caldos y marisco...veranos sin preocupaciones y sin miedos, sin preguntas y sin dudas. Fue como una sorpresa, una bienvenida inesperada en forma de cucharadas calientes.
O como me decía Igor...este tipo de platos calman el espíritu.
El viernes día 2 fui con Igor a comer a un mesón gallego en madrid y por un precio realmente muy asequible me tomé mi caldo gallego, mi jamón asado acompañado con patatas y cebollita, y mi cuajada con miel.
Pero la visión de la cesta de pan, del cuenco de barro con ese caldo gallego, recién servido, humeante, con su berza oscura y sabrosa, sus alubias y sus patatas....en fin...que casi se me saltan las lágrimas de alegria. Qué ganas tenía de tomar platos de cuchara. Realmente reconfortantes.
Además hacía tiempo que no tomaba un buen caldo gallego e inevitablemente me recordó a mi infancia, a esos veranos pasados en Panxón y Baiona, rebosantes de olor a mar, gaviotas, pescadores, pulpo, empanada, caldos y marisco...veranos sin preocupaciones y sin miedos, sin preguntas y sin dudas. Fue como una sorpresa, una bienvenida inesperada en forma de cucharadas calientes.
O como me decía Igor...este tipo de platos calman el espíritu.
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