viernes, 9 de julio de 2010
Montuerto
Siempre me ha gustado ese nombre, el de un pueblecito en la montaña leonesa. Suena a piratas o bandidos, a batalla y misterio. Sabía que allí había habido un castillo pero nunca supe dónde estaba hasta que hace unos días entré de nuevo en el pueblo y vi un cartel con las indicaciones para llegar hasta él.
Y así lo hice. Para entrar en el pueblo hay que tomar un desvío que sólo tiene el ancho para dejar pasar un coche y que transcurre elevado sobre la vega del pueblo, cubierta de pastos y huertas. Luego se cruza el puente sobre el río Curueño y se entra en el pueblo. Casi inmediatamente se toma un desvío a la izquierda, un camino, y que se corresponde con una calzada romana. Todavía se ven las losas en algunos puntos. Impresiona pensar que por ese mismo lugar transitaron romanos y astures, visigodos y moros. En 15 minutos se llega a un alto y ahí aparece lo que queda del castillo. Restos de un edificio de planta cuadrangular, que era la sala de armas, y diferentes restos defensivos en la ladera. El castillo dominaba el río y el estrecho paso que conduce hacía el pueblo de Nocedo y las hoces de Valdeteja. Por el lado contrario, la montaña. Y al fondo, las masas calizas de Valdorria.
Pero la dejadez y el olvido transmiten una sensación de tristeza. Como resto de grandeza queda el arranque de un arco gótico que nos dice que aquello tuvo una cierta grandeza. Se podría conservar mejor lo que queda, igual que los restos del castillo de los Guzmanes en Aviados. Otros, harían de estas cosas verdaderos atractivos turísticos...
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