La ascensión fue entretenida, buenas vistas, huellas de jabalíes y hasta una seta (no es fácil verlas en primavera). Mi falta de entrenamiento, el catarro que arrastraba y el calor, que apretaba a pesar de ir con pantalones de montaña cortos y en camiseta, me hicieron detenerme en una pequeña repisa o meseta antes de llegar a la cumbre (que por otro lado era de las más asequibles que había por la zona, por eso me animé a subirla).

Y entonces, la sorpresa. Me encontré con lo que probablemente eran restos de los "maquis". Cuatro pequeños agujeros con un parapeto de piedra alrededor. Pequeños, sólo para una persona encogida, y no muy grande. Dominando el valle por el que transcurre el río Curueño en su nacimiento y que comunica Vegarada con la zona ya más cercana a la estación invernal de San Isidro. Fue todo un regalo, una sorpresa, no me lo esperaba y no tenía ni idea de que allí iba a encontrarme con eso. Una pena que sólo llevaba el móvil para hacer fotos.
La montaña leonesa está llena de restos desperdigados de estos perseguidos, que pretendían, unos simplemente sobrevivir porque sabían que los iban a encarcelar o fusilar si los cogían, y otros continuar la lucha una vez terminada la guerra civil con la idea de que la guerra mundial acabaría también con el dictador español. A 1580 m de altura (según el Google Earth) y con los inviernos de entonces... 

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